Si ya te has dado cuenta
Sólo ella sabe…
Quizás no me haya visto, quizás ni siquiera quiera verme. Quizás ya lo haya olvidado, quizás nunca llegó a saber nada. Me mira. Apenas dos segundos, y vuelve la vista hacia otro lado. Quizás en otro momento me hubiera sonreído, si tantas cosas no hubieran cambiado. Si no hubiéramos tenido miedo el uno del otro, si sus ojos todavía hubieran tenido fuerzas para mirarme.
Pero quererla en silencio es demasiado, ahora que ella ni siquiera se preocupa por odiarme. Ahora, que se fija en otros que no merecen tenerla.
Recuerdo su sonrisa, cuando era solo mía. Cuando con cada mirada me decía cosas que nunca me dijo a la cara. Creía que no se atrevía. Creía que, si yo le demostraba lo que sentía, ella no tendría miedo. Pero no era verdad. Me demostró que no iba a hacer caso a mis intenciones. Pero llorar ahora es inútil. Sólo ella sabe si mentía o no al rechazarme. Sólo yo reconozco ahora que fui un cobarde.
La miro cada día sin que ella se dé cuenta. Hoy la he hecho llorar. Hoy he comprendido que él la comprende mejor que yo, y que no puedo evitar que ella lo quiera. Hoy he sentido cómo cada una de sus lágrimas resbalaba por mis mejillas. Y que más da lo demás. Le he hecho daño.
Intento hablarle. Con el paso de los días compruebo que lo único que puedo recibir de ella es “no me hables”. Sólo ella sabe por qué.
Quizás si él supiera…
Que ya le he olvidado. Que ya no está para mí. Que no me quedan palabras que decirle. Quizás si supiera lo que me ha costado olvidarle, si sumara todas mis lágrimas y contara las horas que he llorado por él. Quizás entonces podría adivinar por qué no le miro ahora. Por qué ya no va a encontrar esa sonrisa en mis labios. Esa sonrisa que inventé sólo para él, y que el tiempo me ha hecho olvidar.
Por eso no quiero correr el riesgo de que sus ojos me derritan, no quiero volver a cruzarme con esa mirada dedicada para mí. Aunque nunca quiso decirme nada. Quizás si le hubiera hecho caso habría puesto el camino más fácil.
Si no hubiera inventado excusas, ni celos, ni preguntas… entonces quizás hoy habría intentado buscar algo en su mirada.
Pero ahora ya es tarde…
Tarde para que vuelva la primavera, tarde para que se cumplan mis sueños. Tarde para decirle que sigo siendo un cobarde, que le tengo miedo. Que no puedo mirarla y hablarle a la vez, que mis ojos se secan con sus lágrimas, que mi piel siente su frío, que mis dedos sueñan tocar su cabello…
Mas, ¿qué es para mí todo esto, si ella ni siquiera se enfada?
Hoy puedo intentarlo. Hoy, si algún ángel me guarda, puedo conseguir que sus ojos me sonrían. Hoy, si ella es mi ángel, puedo.
Además, no estoy segura…
¿Quién ha dicho que me quiera? Si hubiera querido algo, no estaría yo ahora, recordando mis errores. Si no hubiera sido cobarde, si mis miedos no me ahogaran, ahora quedarían lágrimas que llorarle.
Se que hoy intenta algo, se que me persigue como si fuera su quimera. Pero hoy no estoy dispuesta a aceptar sus intenciones, hoy no quiero revivir el llanto, ni sus ojos, sus palabras.
Más vale retirarse…
Le he hecho daño de nuevo. Mis palabras le duelen, mis miradas, mis sueños. Me ha gritado. ¿De qué sirven ahora mis lágrimas, si ella no les hace caso? ¿De que sirve quererla, si ella ya me ha olvidado? Quizás esta noche mi llanto, interrumpa sus pensamientos, quizás algún día comprenda cuanto la echo de menos.
En el fondo me da pena…
Si recuerdo aquellos tiempos, si pienso en nosotros y no en mí. Si busco por qué le he gritado, por qué le he contestado así. Si entiendo que el buscaba una sonrisa, un beso, un gracias.
Quizás sea mejor que crezca, que la amistad no muera, que nuestros ojos se crucen de nuevo. Quizás si encierro esto, conseguiré que tome fuerza, pero pensar ahora es inútil. Si actúo, si prendo la llama… entonces quizás.
Ya no volverá…
Ya nunca la sentiré cerca. Ya nunca resistiré las ganas de besarla, pues ya nunca estará a mi alcance.
Esta noche han llamado a la puerta. Esta noche han volado mis sueños, mis alegrías, mis penas. Esta noche; esta noche era ella.
Él ya sabe…
Que he cambiado de idea. Lo sabe desde que me he sentado en su cama. Desde que mi primera palabra ha sido de perdón, desde que mis labios han recordado nuestra sonrisa.
Ahora sé que recuerda…
Que todavía recuerda mis ojos, que todavía le hacen temblar. Que ahora, tumbado a su lado, sigo sin besarla sólo por ver sus ganas.
Y si sigue como siempre…
Discreto, si soy yo quien descubre sus intenciones. Paciente, si cinco centímetros separan nuestros labios y no me besa. Sencillo, si en sus ojos me veo tal y como soy. Inocente, si cree que no me dí cuenta…
Y ahora te das cuenta…
- Llevo diez minutos con la mano en tu cintura, aquí tumbado a tu lado, ¿y todavía no he podido besarte?
- ¿Diez minutos? Llevo dos años intentando que me miraras, que me regalaras una sonrisa, que me hablaras, ¿y todavía no he podido robarte un beso?
Y ahora la tengo cerca, aquí, a mi lado. Ahora sus labios no son un sueño. Ahora dejamos atrás el miedo, la cobardía, los celos.
Ahora que…
Le tengo conmigo, me quedo en sus ojos. Ahora que se que esto no es un cuento de hadas cualquiera, que aunque él no es un príncipe azul, yo soy su princesita…
Sofía Sarsa
2º ESO
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